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Vendedores de humo

Durante la Edad Media (y un poquito después) existía un personaje que iba de pueblo en pueblo vendiendo ungüentos y brebajes que curaban cualquier tipo de dolencia.

Estos personajes normalmente eran vendedores de humo, charlatanes capaces de vender cualquier cosa a cualquier precio.

En ocasiones contaban con la ayuda de terceras personas que hacían un poco de teatro para demostrar al resto del pueblo que se arremolinaba alrededor de sus carruajes las virtudes de tales pócimas. En la clásica película de Disney «Pedro y el dragón Elliot» aparece como villano uno de estos personajes.

Seguramente hay quien diga que estos vendedores de humo siguen existiendo a día de hoy (y no seré yo quien lo niegue).

Pero con las nuevas tecnologías y la existencia de ese monstruo llamado Internet, las técnicas de venta han cambiado.

Para evitar que nos den gato por liebre (quizás en otra ocasión hablemos del origen de esta frase) debemos asegurarnos muy bien de qué estamos comprando y a quién se lo estamos comprando.

Quizás como usuario doméstico no nos preocupe demasiado ese tema (aunque debería), pero para las empresas eso es harina de otro costal (hoy estoy que me salgo con las frasecitas).

Una empresa de impermeabilización que sirve como intermediaria de otras empresas de productos impermeabilizantes más grande tiene que asegurarse de que su venta de tela asfáltica sea correcta y certera. Si por h o por b (lo dicho) no se asegurara bien de qué tipos de productos está ofreciendo y de su fiabilidad, sería la principal afectada y perdería credibilidad. Los productos que se ofrecen deben estar legislados y haber pasado las pruebas necesarias para asegurar su correcto funcionamiento.

Así que ya seamos un usuario doméstico comprando un juguete para nuestra mascota en Amazon o una gran empresa ofreciendo productos de terceros, cuidémonos mucho de esos vendedores de humo y asegurémonos de lo que estamos comprando. Al fin y al cabo es nuestro dinero.