Talón de aquiles

Talón de aquiles

Una de las historias antiguas que más me gusta es la del caballo de Troya. Escrita por Homero, relata la historia de amor entre Paris y Helena de Troya, y como ese amor desembocó en una guerra sin cuartel. Quizá la parte más conocida sea el final, cuando, de forma ingeniosa, los griegos fingen marcharse dejando a las puertas de la inexpugnable ciudad un regalo envenenado en forma de un gigantesco caballo. A día de hoy, esa gesta se ha metido en la jerga informática para describir un virus que se introduce en el ordenador de forma solapada y al que se la da el nombre de troyano. Pero en lo que queremos centrarnos hoy es en uno de los héroes que formaron parte de la batalla y de su historia. Aquiles era un luchador formidable al que nadie había vencido. Se decía de él que cuando nació, sus padres le sumergieron en el río Estigia. Contaba la leyenda que si las aguas de ese río tocaban tu piel, te hacían invencible, nada podía atravesarte. Pero claro, al meterlo en el río lo hicieron cogiéndole por el talón y esa parte del cuerpo se convirtió en su punto débil, el famoso talón de Aquiles. En plena batalla, una flecha perdida lanzada precisamente por Paris dio justo en esa zona, venciendo así al poderoso guerrero.

Cuando aplicamos poliurea tenemos que hacerlo cubriendo muy bien la zona que estamos impermeabilizando. De no ser así podría ocurrirnos algo parecido al talón de Aquiles, que una zona no esté bien impregnada y se convierta en el punto débil de la impermeabilización. Es especialmente importante cuando estamos aplicando poliurea para piscinas ya que una vez terminada la obra es complicado encontrar y reparar las fugas y filtraciones de la misma. Que nuestro trabajo no se convierta en el talón de Aquiles de la obra.