Prestar atención a los detalles

Prestar atención a los detalles

Pablo Picasso, Vincent van Gogh, Claude Monet, Salvador Dalí, Diego Velázquez, Gustav Klimt. Rembrandt… Seguramente conocéis todos estos nombres (o la mayoría). Grandes pintores de distintas épocas, cada uno con un estilo propio y, algunos, padres de una corriente artística dentro de la pintura. Muchos amantes del arte disfrutan durante horas de los cuadros, las creaciones de cada uno de estos artistas. Observan cada pincelada, cada trazo, lo analizan e intentan buscar qué inspiró a sus creadores para realizar estas maravillas. No soy un entendido en pintura (ni en el arte en general) pero hay una cosa que hasta yo soy capaz de percibir: lo que hace que una obra sea una buena obra está en los pequeños detalles. Cada cuadro está formado por miles de pinceladas distintas, cada una de ellas con un propósito. Y son esos pequeños detalles los que en conjunto dan forma a algo mucho más grande y bello.

En cualquier trabajo, no sólo en el arte de la pintura, hay que prestar atención a los detalles. Pensemos por ejemplo en una empresa que está colocando una cubierta no transitable grava. Quizás pensemos que como por esta cubierta no va a pasar gente (excepto quienes la colocan y aquellos que realizarán trabajos de mantenimientos) no es del todo necesario dejar los remates bien finos o que ciertas zonas no queden del todo bien. Sin embargo, un operario capaz de prestar atención a los detalles hará un buen trabajo independientemente de si luego lo van a ver más o menos personas. El conjunto será excelente y quién nos realizó el encargo (nuestro cliente que querrá asegurarse de que el trabajo esté bien hecho) no dudará en volver a contratarnos.

Que sería de El Greco, Paul Cézanne o Joaquín Sorolla si no hubiesen sido capaces de prestar atención a los detalles. Quizás nuestro trabajo no llegue a convertirse en una obra de arte de alcance mundial, pero ¿a quién no le gusta que le digan: «Bien hecho»?